«El señor de camisa azul»
Apuntar clientes por su ropa termina en cuentas que se cobran mal, dos veces, o no se cobran. Aquí cada cuenta tiene su ficha, con foto o por mesa.
Lleva las cuentas abiertas de tus clientes, controla el inventario y cuadra la caja al final del día. Hecho para tiendas de barrio, no para cajeros.
Se abre en el navegador. No hay que instalar nada.
Falla porque te obliga a dejar de atender para escribir. Y en hora pico, eso es plata que se va.
Apuntar clientes por su ropa termina en cuentas que se cobran mal, dos veces, o no se cobran. Aquí cada cuenta tiene su ficha, con foto o por mesa.
El inventario baja solo cuando anotas una venta, y te avisa antes de que te quedes sin lo que más rota.
El cuadre del día te muestra primero la ganancia, no la venta. Es la confusión que descapitaliza tiendas.
Tres pasos. Ningún teclado en el camino de la venta.
Un toque en el botón rojo y eliges la mesa o le pones un nombre corto. La cuenta queda abierta en segundos.
Tus seis productos más vendidos están siempre a la vista. Un toque suma una unidad y descuenta el inventario al mismo tiempo.
Efectivo, transferencia o fiado. Si es efectivo, te calcula el vuelto. En la noche cuentas la caja y cierras en un toque.
Pegas un cartel con tu código QR en el mostrador. Quien lo escanee ve en su propio celular lo que lleva consumido, en vivo.
Sin discusiones al momento de cobrar: él ya sabe cuánto lleva. Y se entera en el momento en que le anotas algo.
Cuánto tienes en la calle, quién te debe y desde cuándo. Registras abonos parciales sin sacar la calculadora.
Sin tarjeta y sin compromiso. Si no te sirve, no pagas nada.
Después, $19.900 al mes. Cancelas cuando quieras.